Reflexión Provincial

 

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NUESTRA EXPERIENCIA ENTRE LOS MÁS SENCILLOS word

 

“Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz”. (Fil 2, 5-8)

 

Este pasaje Bíblico es hermoso y esencial; nos muestra el camino de la transformación en Cristo y nos marca el desde donde somos llamadas e invitadas a vivir este proceso de inserción entre los más sencillos.

Este caminar que está lleno de gracias recibidas, de luces, de alegrías, de constataciones, de vida, de gratitud, de fuerza, de riqueza… pero también de tristezas, limitaciones, imperfecciones, contradicciones, incoherencias, sufrimientos…

Primero podríamos comenzar diciendo que ya no se trata de los pobres en un sentido general, sino de gente con nombre y apellido, vecinos, amigos, conocidos, compañeras….gente que nos enseña, que nos anima y nos da testimonio; pero también, gente que no es santa, sino tan humana como cualquiera de nosotras… Gente que a veces nos miente o nos engaña; que en ocasiones, es tan egoísta como cualquiera de nosotras, y que en ciertas circunstancias y momentos, no tiene los valores y los dinamismos sociales y solidarios que le atribuyen las ideologías o las personas que viven desde la intelectualidad. Pero gente que por el sólo hecho de ser pobre, nos cuestiona con su sola presencia; nos confronta en nuestro estilo de vida. Por eso nuestra opción por los pobres, se muestra o se debería mostrar, en la actitud y contacto cotidiano con la gente, con las personas concretas, en la actitud y contacto cotidiano con el sufrimiento concreto.

Quizá lo más fácil sea comenzar compartiendo todo lo que hemos recibido, aquello de lo que somos conscientes, porque, seguro habrá mucho más que todavía no alcanzamos a percibir y que se nos revelará cuando Dios quiera.

Lo que nos ha posibilitado la vida entre los sencillos y que acogemos como gracia de Dios es:

•  Un encuentro solidario y compasivo con la realidad.

•  La experiencia de participar de una manera más palpable y realista en el dolor de la humanidad.

•  La amistad de los vecinos y la acogida incondicional de la mayoría de la gente del barrio.

•  El compartir el pan, las comidas, con tanta naturalidad y sencillez.

•  La fe vivida como confianza absoluta en Dios y en su providencia.

•  El amor a la Virgen, como madre y compañera de camino.

•  En la liturgia, la alegría, la espontaneidad, la sencillez y la paz.

•  La capacidad que tiene la mayoría de las personas de asimilar golpe tras golpe, sufrimiento tras sufrimiento, y vivir con alegría, volver a empezar, rehacerse nuevamente de cero. La fortaleza de la gente nos conmueve. Su alegría en medio de todo.

•  Una fraternidad, ternura y bondad, que supera toda agresividad y violencia. Vemos muchas veces como las circunstancias más duras de la vida, se vuelven tiernas.

•  La proximidad, la cercanía, ser una vecina más.

•  El percibir ese misterio de Dios que se nos revela en el sencillo, en el pobre.

•  El sentido de la ineficacia, de la gratuidad.

•  La presencia de Dios en medio y en cada una, cada uno.

•  El experimentar la fuerza de la vida y la creatividad del amor.

•  El aprender a celebrar toda la vida, tanto los éxitos como los fracasos, porque no se sabe desde Dios, que es el éxito y cuál es el fracaso.

•  Nos devuelven cada día la certeza de que la hondura, la sencillez, el discipulado “es posible”.

•  Nos regalan la alegría de la entrega costosa-dolorosa.

•  Nos facilitan vivir en lo cotidiano el sentido de la muerte y el dolor “en la muerte está la vida”.

•  Experimentar la compasión y la ternura de Dios que desde ellos, se hace don para nosotras.

•  Recrear nuestras opciones fundamentales en lo real y cotidiano.

 

De manera existencial, vamos vivenciando como Jesús sigue padeciendo en la humanidad; y nos encontramos con un Jesús que sigue crucificado. Vamos tomando conciencia de que todavía la muerte de Jesús se da en la humanidad que sufre actualmente, por una parte, y que además el pecado personal siempre tiene repercusión histórico-social. Vamos evidenciando que nuestro pecado tiene íntima conexión con esta muerte del mundo.

Nos vamos dando cuenta que seguir a Jesús no es solamente imitarlo, sino participar de su vida interior, de su vida íntima, de la vida según el Espíritu; a la cual no podemos llegar o alcanzar por nuestros esfuerzos o voluntad, sino solamente como gracia de Dios. Vamos experimentando la alegría y la esperanza de la nueva vida en Jesús; un proceso real de identificación con Jesús y la participación en su misterio pascual.

Compartimos la experiencia que nos comunica Segundo Galilea: “pero ni nuestro testimonio, ni nuestra acción, son capaces de vencer la raíz última del mal y de la miseria humana, que es el pecado. Para vencerlos, y poder comunicar a los demás esta misma capacidad, debemos incorporarnos a la Pasión de Jesús. Por ella nos hacemos redentores con Jesús, consumando, como él, el compromiso de nuestra inserción”.

Vamos comprendiendo que la pobreza no es sólo la austeridad; que no somos nosotras ni nuestras normas o reglas internas, las que nos dictan o nos dicen los más y los menos de nuestro nivel de vida; sino una solidaridad donde sentimos los efectos de la pobreza, no sólo en cosas externas y reglamentadas, sino en “éxodos internos y dolorosos de profunda posesión interior”.

En cuanto a la vida comunitaria, confirmamos que lo que mantiene a la comunidad, es una opción de fe, tratándola de vivir seriamente, madurada e interiorizada; y poco tiene que ver que simplemente nos llevemos bien, o estemos muy organizadas, con las cosas claras, y con un proyecto comunitario perfectamente plasmado en un papel.

Vamos experimentando un proceso difícil, pero muy liberador, de aceptación de unas a otras como somos. Y el estar insertas, nos ayuda (o nos debería ayudar) a distanciarnos cada vez más de nuestro excesivo repliegue sobre nosotras mismas, y nos salva de pensar que nuestros problemas y nuestros conflictos internos son el centro.

Algo importantísimo y fundamental en este caminar, es superar la tentación paternalista, salvadora y de beneficencia, en la que fácilmente podemos caer, y que es a veces, sobre todo en los comienzos, la que la mayoría de los vecinos, de las personas nos piden; y aún, a veces, las propias autoridades eclesiales. Cuando actuamos desde el paternalismo fácilmente somos premiadas, alabadas y valoradas; cuando vamos más allá de esto, y creemos en la propia fuerza de la gente, en su proceso educativo-liberador, y cuestionamos al sistema que produce la exclusión, la pobreza y la marginación, muchas veces experimentamos que no somos tan alabadas ni buscadas.

Más allá de toda evidencia de éxito inmediato y fácil, percibimos el sentido de buscar formas nuevas de vida justa y libre.

Nos sentimos llamadas a vivir la Encarnación de Jesús, poco a poco, cotidianamente. Creemos que lo que el mismo Jesús vive y nos ofrece a nosotras, no es la seguridad de un proyecto estudiado en todos sus pasos y apoyado en mecanismos poderosos, sino la apuesta de la vida por una realidad misteriosa. Así vive Jesús su compromiso, como entrega confiada de la fe al Padre, buscando hacer siempre lo que Él le diga. Aceptando los despojos que sean necesarios para esto y siendo parte de una humanidad sufriente.

Intentamos vivir la inserción como un ir compartiendo con otros, con otras, la experiencia cristiana, dejando que Dios revele su amor gratuito. Como dice Pedro Trigo: “el ir haciéndonos cristianas con la gente”.

En cuanto a la Biblia, la lectura bíblica se va aprendiendo a hacerla en la vida, y a que la vida se lea en la Palabra.

Vamos caminando en ese proceso de contemplar tanto a la persona de Jesús como a la persona del pobre; y percibimos que cada paso que damos de compromiso y entrega hacia el pobre, puede ser también, un paso contemplativo hacia una experiencia más profunda. Porque creemos que Dios se va revelando en el caminar, en ese proceso de entrega y compromiso por los otros, por las otras.

A Dios le encontramos fácilmente en la bondad, en el amor, en la comunión, en la paz; pero también en la pequeñez, en la ausencia de caminos, en el conflicto, en las rupturas, en los límites y en su aparente silencio ante la “caída” del bueno, del solidario, del trabajador honesto; cuando aparentemente parece que siempre ganan los que “hacen el mal” o los que buscan sólo sus propios intereses.

Compartimos la experiencia de Benjamín González Buelta: “La bondad, el Espíritu de solidaridad, la sabiduría del oprimido, los hombres contemplativos del pueblo, sin libros que los exalten; las vidas heroicas en la lucha contra la miseria, que nadie canoniza, la profundidad humana, amasada en una existencia sin salida, ayudan a descubrir a Dios presente, un Dios que comparte la suerte del oprimido, y donde su plan de salvación también parece arrollado y crucificado”

 

A lo largo del caminar se presentan varios desafíos y muchas llamadas:

•  El aprender a vivir en plenitud y por el otro.

•  El ayudar a que el pobre crea en el pobre.

•  El vivir al modo de Jesús: sencillo, humilde, solidario y compasivo.

•  El empezar a ver todo desde una óptica nueva.

•  El aprender y dejarnos “rehacer” por los que hemos considerado ignorantes o no capaces.

•  A dejar que nuestros andamiajes se caigan, que nuestras actitudes se vayan transformando. Escuchar a la otra persona sin pretender darle ninguna solución.

•  A acoger que la vida se ve constantemente confrontada con situaciones nuevas.

•  A no caer en la tentación de hacer todo lo que nos diga la gente, los vecinos…

•  A captar en profundidad que nuestra tarea pastoral no consiste en hacer obras para la gente, sino el secundar lo que Dios obra en nosotras, en los demás, en los acontecimientos….

•  Aprender a vivir que Dios es el protagonista y nosotras sólo sus instrumentos; que a nosotras sólo nos toca el vivir entregadas y comprometidas con el querer de Dios. “Hacer todo en la práctica como si dependiera de nosotras, sabiendo que en definitiva depende todo de Dios”.

•  A ser capaces de ver y contemplar la presencia de Dios, que nos sorprende y que se revela también en medio de las contradicciones.

•  A generar espacios de cordialidad y escucha, más que espacios físicos; ocasiones de encuentro y de solidaridad más que de organizaciones.

•  A vivir con paz ese proceso de adaptación a un mundo desconocido: vivienda, costumbres, amistades, vecinos, modo de celebrar la fe etc.

•  A convivir en el respeto, en la escucha, en el compromiso comunitario; a vivir creando lazos sinceros y profundos con la gente.

•  A vivir que las monjas no mandamos ni tenemos la última palabra; sino que estamos invitadas a servir, a ayudar a que la gente pueda expresarse, decir su palabra y dejar que ellos decidan y tomen sus propias decisiones.

•  Una llamada constante a la disponibilidad, al discernimiento, a la desinstalación, a la fe.

•  A aprender a vivir las contradicciones con paz.

•  A captar hondamente que realmente lo que evangeliza es la propia vida.

•  A valorar el testimonio sencillo, la simple presencia, la amistad, el amor simple y rutinario con el que repetidamente nos encontramos todos los días. A valorar lo ordinario, de aparente ineficacia, de sensación de no hacer nada interesante. A alegrarse de las pequeñas cosas que acontecen y vivir agradecidas.

•  A vivir con plenitud las tareas más sencillas de cada día, el contacto corriente y cotidiano con la gente, con gran amor.

•  A poner gestos de vida en medio de la muerte.

•  A vivir las pequeñas solidaridades que, aunque no cambian las estructuras de muerte, permiten y protegen la vida: escuchar a las personas, visitar enfermos, acompañar, tratar con cariño etc.

•  A creer en la vida ante el sepulcro: que las muertes que vivimos a diario y que nos golpean profundamente, no sean la última palabra, sino el experimentar fuertemente la presencia de Dios y que Él también sigue resucitando cada día.

•  A experimentar la fiesta y la celebración de la vida: que el fondo trágico que significa la presencia de la injusticia y la muerte, no la impidan, sino que le den más hondura.

•  A revitalizar las dificultades y sufrimientos personales y comunitarios que acompañan naturalmente nuestra vida; aprender de la gente a tener confianza y dejarnos conducir por Dios. La convivencia cotidiana con situaciones límite y la inseguridad en que vivimos, nos exige continuamente la referencia a lo trascendente, a lo que permanece, al o que vale en verdad, a lo auténticamente humano, a Dios.

•  A tener una visión del mundo desde su reverso, que nos permita percibir más fuertemente el sentido del pecado y la opresión que generan ciertas estructuras. Que nos revele nuestra participación en la exclusión y opresión de los más débiles e indefensos.

•  A vivir desde la gratuidad.

 

Y como dice Pedro Casaldáliga: no podemos refugiarnos más en:

•  En un templo inspirador pues nuestros locales de culto son pobres y de múltiplos usos.

•  No podemos encerrarnos en nuestra habitación, pues no hay habitación individual.

•  No podemos detenernos a contemplar bellas imágenes, porque la realidad del barrio se impone con más fuerza y realismo que cualquier signo.

Para terminar son muy iluminadoras, claras y consistentes las palabras de González Buelta: “…si se acoge esta experiencia de Dios y se la deja resonar y extenderse dentro, hasta el último rincón, dándole tiempo, espacio y nombre, puede convertirse en el centro integrador de nuestra persona. En definitiva, todo este proceso no se puede vivir sin una dimensión muy profunda y estable de encuentro con Dios que se recoge en la oración personal, que sólo es oración en la medida en que actualiza esta actitud fundamental de la existencia: abandonarse en Dios, en el Dios de la historia donde se construye el Reino hasta que llegue la plenitud escatológica...”

“… Hay un encuentro con el Absoluto que desborda toda capacidad de comprensión. No se trata solamente de una fuerza de voluntad que yo encuentro en mí, que sale de mí para comprometerme. En la constatación de la dignidad, fortaleza, ternura, en las situaciones más destructoras, en la aparente negación de todo lo humano, yo constato que desde esos hombres casi reducidos a ser cenizas, sale un fuego que llega a nosotros y rompe nuestros cálculos; atraviesa nuestras defensas y nos pone en camino. Esta experiencia de Dios llega a nosotros, y no simplemente desde un imperativo de ayuda que sale de mi posesión de suficiencia o generosidad…”

“…Hace falta toda una pedagogía para crecer en esta experiencia que no nos lleva a poseer, a dominar, sino que, encontrándose con Dios en el fondo de la realidad, lleva inevitablemente a la receptividad de la vida y del sentido, de la inspiración y de la fuerza, y a la adoración del único Señor de la historia como camino para un servicio cada día más libre y una persona más integrada…”

También nos gustaría terminar escribiendo unas palabras del P. Francisco Jalics que son para nosotras invitación, camino, guía, iluminación y fortaleza:

“…El que al orar, se expone en el vacío total a la mirada de Dios, con el tiempo también experimentará paz y equilibrio en la vida cotidiana. Con sólo permanecer en la actitud de recogimiento, la vida se vuelve sencilla y finalmente no queda más que el amor. Surge, de a poco, una fuerza apacible que no conocíamos, y en medio de las tormentas que sacuden el mundo exterior, bastará con retornar al recogimiento para que empiece a actuar el centro más profundo del ser humano: la presencia de Dios. Esto no puede lograrlo uno mismo. Es por entero, acción de Dios…”

“…El efecto de la contemplación también se manifiesta en el trato con el prójimo. En nuestra relación con los demás podemos descubrir que nos comunicamos en el nivel en que vivimos. Nadie puede acercarse a otra persona en estratos más profundos de aquellos a los que él mismo ha accedido en su interior. Si alguien sólo se mueve en el plano de la acción, la organización y la verbalización, difícilmente pueda tomar contacto con otros o ayudarles en sus estratos más profundos. En la contemplación crece un profundo respeto por las relaciones con el prójimo. Por un lado, se reconocen con mayor claridad las afecciones desordenadas y todo lo oscuro del otro. Por otro, crece, a pesar de esto, el respeto por su dignidad. ¿Acaso el hecho de permanecer en recogimiento con la mirada puesta en Jesús no es una preparación cien veces mejor para el trato con los demás?...”

“…El resultado se desplaza de la acción a la irradiación. ¿No sería aconsejable que en la asistencia espiritual y en nuestras actividades sociales desplazásemos el centro de gravedad de nuestra eficacia en la acción a la irradiación?...”

“…Estoy en el mundo y Dios lo transforma por mi intermedio. En otras palabras, no vivo en el mundo para llegar a Dios. Por el contrario, como vengo de Dios, irradio amor en el mundo. No soy más que una herramienta en sus manos. Él lo hace todo y yo me dejo utilizar….”

Ojalá que esta experiencia que expresa el Padre Francisco Jalics, pueda hacerse realidad algún día en nosotras, en nuestras vidas; porque estamos convencidas que éste es el mejor servicio que le podemos ofrecer al pobre, a nuestros/as amigos/as, vecinos, conocidos, compañeras/0s, hermanos/as…; porque creemos que la verdadera transformación personal, comunitaria, social pasa porque dejemos obrar a Dios, porque dejemos que Él vaya siendo cada vez más en todas/os… y así se producirá más vida para todas/os, más vida en abundancia, como Él mismo Jesús nos lo manifiesta: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Hermanas Teresianas.

Provincia San José.

Noviembre 2009

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FAMILIA TERESIANA

 

 

En la reunión de Consejo Ampliado nos dispusimos a responder a su pedido de reflexión sobre “la extensión de la Familia Teresiana a la rama laical con distintos modos de vinculación”.

 

Hacemos el aporte desde la realidad de la vida de nuestra provincia. Recogimos lo que estamos viviendo y discernimos por dónde deberíamos seguir caminando para potenciar lo que ya está surgiendo.

 

Lo que estamos viviendo

 

La vivencia de la misión compartida es un ámbito donde estamos experimentando de manera nueva el sentirnos familia con los laicos. Somos muy conscientes de que nuestra vida en misión es con los laicos/as. Ellos se sitúan con mucho compromiso ante la misión que les compete.

 

En las personas con las que compartimos la misión en instituciones propias percibimos deseo de ser familia, y sentido de pertenencia.

La relación fluida y cercana, y la valoración y el apoyo mutuos la van construyendo. Así vamos gustando y potenciando el sentirnos familia teresiana .

 

La formación conjunta laicos/hermanas se ha ido dando en la práctica. Nos vamos “educando” conjuntamente y seguimos el proceso siendo receptivas en el caminar. Es como un caminar juntos complementándonos

 

Las hermanas experimentamos que esto nos enriquece a nosotras y a ellos, y eso también nos lleva a elegir compartir el carisma. Hay conciencia de que el carisma no es “nuestro”.

 

Se ha ido dando el cambio de paradigma por el que la Compañía deja de ser el centro, para serlo el carisma. Esto tenemos que seguir potenciándolo. Los laicos sienten que sin el carisma no tienen orientación. La identidad del carisma les da seguridad. Descubren que en el carisma está la fuerza, es el sustento y es la garantía ante la familia.

 

Generamos espacios para contagiar esa gracia que se nos ha regalado. La lectura orante del Evangelio y de Teresa es uno de estos espacios. Este beber junto con los laicos de las fuentes del carisma nos está aportando novedad.

 

Proyección de futuro

 

En este momento del camino creemos que debemos

•  seguir caminando en misión compartida

•  seguir compartiendo la vida y el carisma cada vez con mayor “sencillez, humildad y hondura”

•  abrirnos a la posibilidad de nuevos modos comunitarios que permitan la convivencia con laicos

 

Vemos que esta dinámica va haciendo brotar nueva vida, de manera incipiente. A medida que se vaya desarrollando irá requiriendo nuevos cauces. No sentimos en este momento del proceso la necesidad de fijar los límites de pertenencia a la familia teresiana, ni de formalizar la vinculación o crear estructuras organizativas. Creemos que es más bien momento de seguir atentas la novedad que se va gestando entre nosotras, para acompañarla con lucidez evangélica.

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CAUDAL COMPARTIDO AL SERVICIO DEL REINO word

 

 

Presentación

 

Todas las hermanas de la Provincia tuvimos la posibilidad de aportar nuestra reflexión en las respectivas comunidades, con la orientación del material ofrecido por el gobierno general. Además se realizaron tres encuentros en los que se profundizó la reflexión:

•  el 12 y 13 de julio, en el tercer encuentro de Pastoral Educativa Alternativa, del que participaron diez hermanas

•  el 9 y 10 de septiembre, en un Taller abierto a todas las hermanas de la Provincia, del que participaron ocho hermanas

•  el 23 y 24 de septiembre, en la reunión de Consejo Ampliado, de la que participaron catorce hermanas

 

Comenzamos por hacer memoria comunitaria de los pasos que dimos en la Provincia en la línea de las orientaciones de los últimos Capítulos. Para sistematizar el aporte, distinguimos tres ámbitos a los que se hace referencia uno de los desafíos del Capítulo:

•  lo que se refiere a la renovación de nuestro celo apostólico y el sentido de nuestra entrega

•  lo que se refiere al modo de discernir la voluntad de Dios (dónde, cómo y con quién queremos estar)

•  lo que se refiere a la reorganización de nuestras fuerzas

y tuvimos especialmente en cuenta lo que lo que se refiere a compartir la misión, ya que fue una orientación reiterada en los textos capitulares que nos sirvieron de referencia.

En cada uno de estos ámbitos nos preguntamos qué pasos dimos, qué nos impulsó a darlo, con qué dificultades y resistencias nos encontramos y qué signos de vida fueron surgiendo

 

Después de reconocer el camino recorrido y contando con nuestra realidad y con la vida que va surgiendo, nos preguntamos qué sería bueno reorganizar para que la vida pueda seguir fluyendo cada vez con más abundancia.


•  Pasos dados Respecto de la reorganización – reestructuración

Reconocemos diversos pasos que han significado una transformación profunda de la Provincia:

 

•  Dimos pasos hacia nuevas presencias y hacia un nuevo modo de estar en comunidades y obras

•  Hay presencia de hermanas en siete lugares nuevos, todos barrios populares : Barracas (Buenos Aires), Villa Ceferino (Neuquén), Arrecifes, La Morita (Montegrande), Casabó (Montevideo), Dolores, Rivera

•  Ya no hay comunidad viviendo en el Colegio de Neuquén, y las de los Colegios de Canning (Buenos Aires) y Soriano (Montevideo) son de hermanas mayores

•  Se retiró la comunidad de inserción del Bº San Cayetano (Campana)

•  Se cerró el Colegio de Dolores

•  La comunidad del Noviciado pasó a ser una comunidad de hermanas mayores, y se mudó a una vivienda más pequeña en el mismo predio. La casa tradicional del Noviciado está alquilada.

 

•  Se conformaron distintos tipos de comunidades

•  comunidades de inserción

•  comunidades de hermanas mayores (se ha propiciado para ellas una mística de la edad mayor y se ha dado apoyo a las hermanas enfermas y a sus comunidades).

•  comunidades constituidas por hermanas que viven en distintas casas (situadas en colegios y en barrios)

 

•  Se reorganizó el gobierno

•  Se realizaron anualmente Asambleas Provinciales durante varios años

•  Se constituyó y se sostiene el funcionamiento del Consejo Ampliado, formado por las animadoras de todas las comunidades y hermanas de cargos provinciales

•  la Coordinadora Provincial dejó de tener su sede en la Casa Provincial, para pertenecer a una comunidad

 

•  Se diversificó la pastoral y se formaron nuevos equipos provinciales para animación y coordinación

•  Pastoral Popular (con hermanas y laicos)

•  Animadores de Grupos Teresianos (con hermanas y laicos)

•  Pastoral educativa alternativa (PEA)

•  Animación de la PET (con hermanas y laicos)

•  Equipos directivos (con hermanas y laicos)

 

•  Recibimos hermanas procedentes de otras Provincias.

 

•  Comenzamos a compartir el camino con las hermanas de Bolivia

•  visitas periódicas de Hna. Ángeles,

•  participación de hermanas en las reuniones provinciales,

•  venida de hermanas a comunidades de la Provincia,

•  incorporación de una hermana de la Provincia a una comunidad de Santa Cruz.

 

•  Pasos dados respecto del modo de discernir la voluntad de Dios

 

A la base de estos pasos de reorganización ha estado un proceso de cambio profundo en el modo de vivir el discernimiento y la toma de decisiones.

 

Partimos de una situación en que las diferentes mentalidades, concepciones de vida religiosa y posturas de vida había generado una fuerte polarización y falta de sentido de cuerpo provincial. Reconocemos que dificultó el proceso la poca valoración de nosotras mismas, la desconfianza entre nostras y no reconocer el caudal de cada una.

 

Fue muy importante en un momento de crisis de la Provincia el acompañamiento del gobierno general a través de las Hermanas Julia y Valmí, acompañadas del Hno. Gabriel Nápole, OP.

 

Se fue construyendo un estilo de gobierno participativo a través de la organización de Asambleas , la constitución del consejo ampliado y la práctica del discernimiento comunitario , que llevó a decisiones compartidas.

 

Con ayuda del método de Lectura Orante de la Biblia , que se realizó periódicamente en algunas comunidades y en todas las reuniones provinciales, se propició el estar personal y comunitariamente a la escucha del Espíritu que se manifiesta en el interior de cada una y en la realidad que nos circunda. De a poco el discernimiento, que antes se vivía como reservado a momentos y ámbitos particulares (capítulos, organismos de gobierno, situaciones especiales) llegó a hacerse habitual en la dinámica de vida de las comunidades y de la Provincia.

 

La práctica reiterada de escuchar la experiencia de vida de cada una y el compartir en la fe llevó a la VALORACIÓN de cada hermana en su identidad más profunda. El reconocimiento y aceptación de la diversidad abrió el paso a la posibilidad de comunión.

 

Se fue ahondando la certeza de que el Espíritu habla a cada persona, y que cada persona debe escuchar y manifestar la palabra que le es dada para bien de todos. Acrecentó la confianza en nosotras mismas, en Dios y en las demás.

 

Se sostuvo la posibilidad de expresión y participación de todas, respetando a las hermanas que por distintos motivos optaron por no expresarse ni participar en los espacios que se facilitan.

La continuidad de estos espacios fue llevando a un crecimiento en la capacidad de escucha y de comunicación, aunque se siguen notando fallas . Se fueron creando lazos de fraternidad en un ambiente de confianza , libertad , apertura , prudencia , sencillez .

 

La atención a la realidad desde la fe, a la luz de la Palabra, ayudó a reconocer la voz de Dios que habla en la vida, en lo cotidiano y llevó a aceptar la realidad - que resultaba a veces amenazante - como lugar de presencia y obrar de Dios.

 

Para tomar decisiones respecto de la necesaria reestructuración o reorganización se priorizó la vida de las personas y el reconocimiento del obrar de Dios. La necesidad de que cada hermana viva feliz llevó a buscar espacios de vida para cada una. Al valorar los caudales de cada una se buscaron canales para que cada hermana lo despliegue y potencie. Se cuidó la continuidad de los procesos personales.

 

Esa dinámica ayudó a cada una a ir asumiendo la responsabilidad de la propia vida y hacerse corresponsables de la vida de las comunidades y de la Provincia.

 

Consideramos este reconocimiento de las personas, atención a la realidad y discernimiento compartido una actitud más espiritual para tomar decisiones. El gobierno – la animadora Provincial en particular, la dinámica de las reuniones en general - ayuda a mantener la mirada de fe, poner los ojos en lo esencial y resituar en lo que Dios dice.

 

Hoy vemos que cada hermana vive más feliz; las comunidades, con más armonía ; lo diverso se integra mejor. Hay más alegría y mayor compromiso al estar bien donde se está y poder desplegar cada una su caudal. Creció el sentido de familia, cada una se siente más parte de la Provincia.

 

La metodología participativa utilizada últimamente a nivel general , que promueve la implicación de todas en las decisiones congregacionales, extiende este sentimiento de corresponsabilidad hacia la vida de la Compañía. También reconocemos que deberíamos implicarnos más en los procesos congregacionales.

 

Sentimos que el caminar provincial está en sintonía con el nuevo modo de situarnos que propicia el Capítulo y que existencialmente se experimenta en los encuentros de nivel general.


•  Pasos dados respecto de la renovación de nuestro celo apostólico y el sentido de nuestra entrega

 

•  Opción por los pobres y por la vida religiosa inserta en medios populares

 

La opción por los pobres es un rasgo que caracteriza hoy la vida de la Provincia. Se s ecundan los movimientos hacia los pobres y se facilita el estar al servicio de los marginados.

 

Esta opción fue motivo de conflicto . Hubo mucho tiempo de discusiones fuertes sobre el tema sin dar pasos concretos. No se compartía la visión de la realidad de los pobres, el sentido de la relación con ellos, ni el modo de entender el voto de pobreza. Incidió en esta falta de unidad de criterios el hecho de que si bien los documentos del magisterio latinoamericano impulsaron la opción por los pobres y, en un comienzo, la inserción, hubo ámbitos eclesiales que resistieron los cambios que esto implicaba para la vida religiosa.

 

La insatisfacción con la vida religiosa que se estaba viviendo, junto con el deseo de acercamiento a los pobres por parte de algunas hermanas llevó a la apertura de comunidades de inserción y a trasladar el noviciado, y luego el juniorado, a una comunidad de inserción . Fue particularmente conflictiva esta opción para la formación inicial .

 

Algunas hermanas sentían cuestionado y amenazado su modo de vida y misión. Aceptar la inserción implicaba s alir de nuestras seguridades y esquemas. Se sentía desconcierto, miedo y rechazo o a nuevos modelos de VR, a la diversidad, a lo incierto. Se veía con d esconfianza lo que iban a hacer las hermanas en los barrios. Se identificaba la Compañía con la vida en los Colegios - desde una concepción estática – y se sentía miedo a dejarlos. Se consideraban que era necesario fortalecer la presencia de Hermanas en los Colegios. Esta tensión fue causa de mucho sufrimiento para todas. Simultáneamente se produjo la salida de un número significativo de hermanas jóvenes.

 

Compartir la fe con los pobres en las comunidades de inserción enriqueció la vida de fe de las hermanas. Vivir cerca de los pobres ayudó a las hermanas a reconocerlos como iguales, como hermanos y valorar la experiencia de cada persona. La práctica de la lectura orante del Biblia con ellos implicó reconocerlos particularmente como sujetos de fe, a quienes el Señor ha querido revelar los secretos del Reino. Hizo experimentar la necesidad de conversión de la propia vida y la posibilidad de ir haciéndose cristianas junto con ellos. Supuso un proceso de humanización en la relación con al gente que llevó a vivir con más alegría y simpleza. Implicó también formar parte activamente de la comunidad eclesial, aprender a colaborar con otros, como servidoras, no protagonistas, sintiéndonos parte de una familia grande.

 

Se hizo necesaria una re-lectura del carisma a partir de la nueva experiencia, que llevó a ahondar en él y redescubrirlo como real fuente de vida..

Se experimentó también soledad y falta de acompañamiento en lo humano y espiritual por parte de la Provincia. Fue de mucha ayuda la participación en Crimpo.

 

Con el paso del tiempo el proceso vivido en la Provincia hizo que se fueran disolviendo las resistencias, miedos y desconfianzas, y permitió que la vida que surge del contacto con los pobres pueda fluir con naturalidad en la comunidad provincial.

La crisis económica que sufrieron nuestros países, y que llegaron a afectarnos a nosotras mismas, ayudó a tomar conciencia de la pobreza. La Lectura orante de la Biblia hizo estar más abiertas a la realidad y fue abriendo caminos hacia los más pobres.

 

 

•  Ampliar el alcance de la pastoral educativa.

El acercamiento a los contextos de pobreza, la visión de la realidad de la Provincia con perspectiva de futuro y el deseo de cualificar el caudal humano de la Provincia, llevó a un cambio de mirada en la manera de comprender la misión. Se aceptó a nivel Provincial que la misión trascendía el ámbito escolar y se comprende y vive nuestro ser de educadoras en un sentido más amplio, valorando el aporte educador de cada hermana.

 

Por otra parte se experimenta la continuidad educadora en la escuela a través de otros modos, como la misión compartida

 

Ante la diversificación del modo de concretar la misión la Provincia fue generando encuentros de diversos equipos y grupos que comparten la vida y la fe . Eso mantiene la unidad en el esp íritu, propicia que todo vaya en la misma línea y da fuerza en la misión.

 

 

•  Considerar la vida de la comunidad como misión

Muchas hermanas experimentaban cansancio y falta de sentido en el hacer con individualismo y soledad. En busca de respuestas válidas a esa insatisfacción se fue tomando conciencia de que la misión no es “hacer cosas”, y se avanzó en la convicción profunda de que la vida misma de la comunidad que busca vivir en fidelidad el seguimiento de Jesús es verdadera misión .

Los distintos ritmos de comprensión de cada hermana y comunidad condicionan este modo de vivir la misión.

Son dificultades el individualismo en lo que se hace, y la resistencia a asumir la responsabilidad personal y las consecuencias comunitarias que conlleva.

 

 

•  Comprender la misión como secundar el obrar de Dios

 

La mirada contemplativa de la realidad y la fe en el obrar de Dios, en particular en los contextos de pobreza, nos ayudó a percibir que la misión está en manos de Dios y que nuestra tarea es secundar lo que reconocemos que está obrando en medio de nosotras.

 

Este modo de ver la misión implica cambiar radicalmente algunas tendencias que están muy arraigadas en nosotras: actuar por iniciativa humana, continuar con lo que se viene haciendo, apropiarnos de la misión, responder a los reclamos de la gente, identificar la misión con roles determinados, protagonismos.

 

En la medida en que logramos situarnos ante la misión de este modo nuevo experimentamos más paz , alegría , libertad y creatividad .

 

•  Compartir con otros la misión

 


El deseo de compartir la experiencia de Dios personal y comunitaria por parte de las hermanas se conectó con la sed de Dios de los laicos. Se crearon más espacios para fortalecer la identidad teresiana como instancias de formación conjunta, compartida. Algunos laicos han vivido un cambio en la postura existencial por el contacto con el carisma y contagian su vivencia a otros laicos.

Nos falta tiempo para dedicarnos más a este aspecto, también recursos económicos y una mayor organización. Deberíamos aprovechar más los recursos humanos que tenemos.

 

Se delegaron en los laicos roles importantes en las obras y se organizaron diversos equipos pastorales con su participación. Los laicos están incluidos en el proceso de reorganización. Ha crecido la confianza entre ellos y nosotras, y el sentido de familia teresiana. Esto implicó cambiar de mentalidad, reconocer los valores de los laicos, su lugar propio, y que no somos dueñas del carisma. En algunos casos supuso superar el miedo a perder lugar y autoridad.

 

Aunque no todos los laicos adhieren a la misión compartida, y hay comunidades cristianas cerradas a recibir el aporte del carisma teresiano, reconocemos que viviendo la misión compartida se enriqueció el carisma y se ganó en responsabilidad, preparación y trabajo en equipo.

 

 

• Posibilidades de reorganización

 

Compartimos algunos criterios y otras propuestas concretas.

 

Creemos que la organización

•  debería ser flexible, para que vaya respondiendo, encauzando la vida.

•  debería contar con equipos de coordinación que atiendan constantemente a la realidad con mirada de fe, mirada de las hermanas y laicos que “están ahí”.

 

•  Creemos que debe conservarse la Provincia como comunidad sujeto de escucha de la Palabra, discernimiento y toma de decisiones que generan compromiso corresponsable sobre la vida y misión de las hermanas, y permite hacer procesos. Comunidad provincial donde se pueda vivir concretamente el sentido de familia, la pertenencia y la inserción en un espacio determinado.

•  Al mismo tiempo las provincias deberían ser organismos “permeables” para llegada o partida de hermanas a otras provincias, para instancias de formación, e intercambio de experiencias y de recursos.

 

 

Propuestas concretas:

•  Que las instancias de formación de las provincias se ofrezcan a todas las demás

 

•  Que se ofrezca el material elaborado a las otras provincias (subirlo a la página)

 

•  Para que el CIT sea más accesible, que se hagan talleres más cortos y en distintos lugares. Que el equipo se movilice y replique los talleres.

 

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