En la "lectura orante del Evangelio y de Teresa" aplicamos a los textos de Teresa de Jesús el método de lectura orante de la Biblia desarrollado por Fr. Carlos Mesters.
También ponemos en relación los textos de Teresa con determinados textos evangélicos, de modo que se iluminan mutuamente.
Proponemos una breve explicación del método y una serie de materiales elaborados.
La lectura orante de la Biblia – tal como la propone fr. Carlos Mesters, OC - es una lectura que parte de la vida y está al servicio de la vida. No consiste en quedarse en el texto escrito, o en consideraciones académicas históricas o literarias: “Tus palabras (el texto) son lámparas para mis pasos (para la vida)”. La meditación sobre el texto va de la mano de una meditación sobre la vida y de un compromiso con la vida. Se trata de ayudarse a abrir los ojos para ver y seguir a Dios, que no deja de actuar y manifestarse en la historia, para ir con él a la acción, su acción, para transformar la realidad personal o social según su proyecto.
Es una lectura comunitaria. Emparentada con el método ver-juzgar-actuar - retomado en Aparecida por nuestros obispos -, conduce a ver la realidad “como comunidad”; escuchar e interpretar la Palabra “como comunidad” y discernir y comprometerse con la realidad “como comunidad”.
La lectura orante de la Biblia no se caracteriza tanto por unos pasos definidos, sino más bien, por una clave hermenéutica. Se trata de la relación Biblia-Vida-Comunidad. Tres fuerzas, tres realidades que se relacionan dinámica y vitalmente para descubrir la Palabra de Dios y su mensaje para nosotros hoy.
El documento de Aparecida, al tratar sobre los lugares de encuentro con Jesucristo(DA 247-249), hace aportes importantes y significativos para la Lectura Orante. El Documento señala como lugares de encuentro con Jesús, entre otros, “una comunidad viva en la fe y en el amor” (DA 256) y “de un modo especial los pobres, afligidos y enfermos” (DA 257). Algo que caracteriza a la Lectura Orante de la Biblia es también la presencia de los pobres en esta lectura, como sujetos y como clave hermenéutica.
Este método de lectura orante puede ayudarnos también a acercarnos a nuestros maestros de vida, en particular a Teresa de Jesús. Más que un modo nuevo de acceder a ella, podemos considerarlo como la recuperación del modo originario de su lectura. Nos referimos a los escritos dirigidos a las hermanas de sus monasterios: Camino, Meditaciones sobre el Cantar, Moradas, que surgen en un contexto comunitario. Destinatarias son las comunidades por ella fundadas, que comparten un estilo de vida común y transitan el mismo camino de oración. Es fácil imaginar a la comunidad reunida en torno a la lectura de las copias manuscritas que circulaban en los conventos. Y serían leídos, como fueron escritos, con una finalidad práctica, no meramente teórica; como orientación necesaria para la vida concreta.
Leer a Santa Teresa desde el lugar de los pobres puede parecer un añadido actual. Sin embargo la pobreza tuvo un lugar muy importante en el nuevo modo de vida que comenzó con la Reforma (donde Teresa recuperó la tradición de pobreza del Carmelo primitivo, por medio de su relación con Pedro de Alcántara), y los carmelos reformados representaron un cambio de lugar social claramente visible en su época.
Lo que Teresa dice a sus monjas : “De la paz que da el mundo en honras no tengo para qué deciros nada, que pobres nunca son muy honrados,” es elocuente en este sentido. Tal vez la tradición que hemos recibido no transmitió este aspecto fundamental de su propuesta de vida, y por eso hoy resulta “no tradicional”, aunque no es una novedad propiamente hablando.
Por eso creemos que aplicar el método de la lectura orante de la Biblia a la lectura de los escritos de Teresa nos hace situarnos en el mismo lugar en que fueron escritos – en comunidad, desde y para la vida, desde los pobres -, y desde esta sintonía profunda recibir toda la fuerza que surge de su palabra.
LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO Y DE TERESA
PARA HACER MEMORIA DEL CAMINO… Y SEGUIR ANDANDO,

El primer momento podría hacerse el día anterior, a modo de “vigilia”.
Los otros momentos podrían hacerse en un día o en días sucesivos, según las posibilidades y lo que le convenga a la comunidad.
Los puntos que se indican en cada momento son sugerencias que cada comunidad puede utilizar como le parezca más conveniente.
Una hermana tendría que verlo previamente para adaptarlo a las características de la comunidad, preparar cantos, prever los tiempos y poder así coordinar el grupo.

¿Compartir vida y misión con los laicos es algo nuevo?
¿O estamos redescubriendo algo fundamental, como el “nuevo” modo de situarnos?
La relación de Dª. Teresa de Ahumada, monja, con Dª Guiomar de Ulloa, viuda, nos puede dar luz sobre esto.
Están seleccionados seis textos en que Teresa incluye a Guiomar en el relato de su vida. La propuesta es hacer una lectura atenta de los textos (pueden ayudar las preguntas orientadoras) y después hacernos preguntas similares referidas a nuestra experiencia de compartir con laicos/as.
Para preguntarnos sobre lo que relata Teresa
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Para preguntarnos y compartirsobre nuestra experiencia
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En 1555, a los 40 años, Teresa se decide a buscar dirección espiritual para “entender qué era la oración que tenía” y tener quien “le diese luz”. Después de dar razón de su oración a Gaspar Daza y Francisco de Salcedo (que le dijeron era demonio), tuvo por dos meses el acompañamiento del jesuita Diego Cetina, quien dijo “ser espíritu de Dios muy conocidamente”. “Me llevó de modo que del todo me tornaba otra”.
En este tiempo mudaron a mi confesor de este lugar a otro. Yo lo sentí mucho, porque pensé que iba a volver a ser ruin, y no me parecía posible hallar otro como él. Quedó mi alma como en un desierto, muy desconsolada y temerosa. No sabía qué hacer de mí. Me procuró llevar una parienta mía a su casa, y yo procuré ir enseguida a procurar otro confesor en los de la Compañía.
Fue el Señor servido que comencé a tomar amistad con una señora viuda de mucha calidad y oración, que trataba mucho con ellos. Me hizo confesar a su confesor, y estuve en su casa muchos días. Vivía cerca. Yo me holgaba por tratar mucho con ellos, que de sólo entender la santidad de su trato era grande el provecho que mi alma sentía.
Vida 24,8
(En esta ocasión estuvo Teresa tres añosen casa de Dª Guiomar).
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En 1560, a los 45 años, nuevamente está sin guía espiritual. Su confesor - P. Baltasar Álvarez - y sus amigos dicen que “es demonio”.
Veía que no me entendía nadie, que esto muy claro lo entendía yo; mas no lo osaba decir sino a mi confesor, porque esto fuera decir bien de verdad que no tenía humildad.
Fue el Señor servido remediar gran parte de mi trabajo, y por entonces todo, con traer a este lugar al bendito Fray Pedro de Alcántara.
Pues como la viuda sierva de Dios - que he dicho - y amiga mía, supo que estaba aquí tan gran varón y sabía mi necesidad, porque era testigo de mis aflicciones y me consolaba harto - porque era tanta su fe que no podía sino creer que era espíritu de Dios el que todos los demás decían era del demonio -, y como es persona de harto buen entendimiento y de mucho secreto y a quien el Señor hacía harta merced en la oración, quiso Su Majestad darle luz en lo que los letrados ignoraban. Mis confesores daban licencia para que descansase con ella algunas cosas, porque por muchas razones era capaz para ello.
Pues como lo supo, para que mejor le pudiese tratar, sin decirme nada, recaudó licencia de mi Provincial para que estuviese en su casa ocho días, y en ella y en algunas iglesias le hablé muchas veces esta primera vez que estuvo aquí. Casi a los principios vi que me entendía por experiencia, él me dio grandísima luz.
Vida 31, 1
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Sucedió una vez, estando con una persona, decirme a mí y a otras, que si no seríamos para ser monjas de la manera de las descalzas, que aun era posible poder hacer un monasterio. Yo, como andaba en estos deseos, lo comencé a tratar con aquella señora, mi compañera, viuda, que ya he dicho que tenía el mismo deseo. Ella comenzó a dar trazas para darle renta, que ahora veo yo que no llevaban mucho camino, y el deseo que de ello teníamos nos hacía parecer que sí.
(…)
Fueron tantos los dichos y el alboroto de mi mismo monasterio, que al provincial le pareció recio ponerse contra todos, y así mudó el parecer y no la quiso admitir. Dijo que la renta no era segura, y que era poca, y que era mucha la contradicción; y en todo parece tenía razón; y, en fin, lo dejó y no lo quiso admitir. Nosotras, que ya parecía teníamos recibidos los primeros golpes, nos dio muy gran pena; en especial me la dio a mí de ver al provincial contrario, que, con quererlo él tenía yo disculpa con todos. A mi compañera ya no la querían absolver si no lo dejaba, porque decían era obligada a quitar el escándalo.
(…)
Ella fue a un gran letrado muy gran siervo de Dios, de la Orden de Santo Domingo, a decírselo y darle cuenta de todo. Esto fue aún antes que el Provincial lo tuviese dejado, porque en todo el lugar no teníamos quien nos quisiese dar parecer; y así decían que sólo era por nuestras cabezas. Dio esta señora relación de todo y cuenta de la renta que tenía de su mayorazgo a este santo varón, con harto deseo nos ayudase, porque era el mayor letrado que entonces había en el lugar, y pocos más en su orden. Yo le dije todo lo que pensábamos hacer y algunas causas (…).
(…)
Nos respondió nos diésemos prisa a concluirlo (…) Con esto fuimos muy consoladas (…)
Vida 32, 10-17
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Escribe a su hermano Lorenzo en 1561, a los 46 años
Como ya tengo escrito a vuestra merced bien largo, por muchas razones y causas de que yo no he podido huir por ser inspiración de Dios, que no son para poner en carta, sólo digo que personas santas y letradas les parece estoy obligada a no ser cobarde, sino poner lo que pudiere en esta obra, que es hacer un monasterio, adonde ha de haber solas quince (…).
Me favorece esa señora doña Guiomar, que escribe a vuestra merced. Es mujer de Francisco Dávila, de Salobralejo, si vuestra merced se acuerda. Hace nueve años que murió su marido, que tenía un cuento de renta; ella por sí tiene un mayorazgo, y aunque quedó viuda de veinte y cinco años, no se ha casado, sino se ha dado mucho a Dios. Es muy espiritual. Hace más de cuatro años que tenemos más estrecha amistad que puedo tener con hermana (…)
Yo me hallo en casa de la señora doña Guiomar en todos estos negocios, que me ha consolado por estar más con los que me dicen de vuestra merced y, digo, más a mi placer, que salió una hija de esta señora, que es monja en nuestra casa, y me mandó el provincial venir por compañera , adonde me hallo con mucha más libertad para todo lo que quiero que en casa de mi hermana. Es adonde hay todo trato de Dios y mucho recogimiento. Estaré hasta que me manden otra cosa, aunque para tratar en el negocio de la fundación estaría mejor estar por acá.
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Escribe a su hermano Lorenzo dieciséis años después
Pensé que nos enviara vuestra merced el villancico suyo. (…) Ahora se me acuerda uno que hice una vez estando con harta oración, y parecía que descansaba más. Eran... ya no sé si eran así, y porque vea que desde acá le quiero dar recreación:
¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis
el amor de las criaturas.
¡Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales!
No sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba:
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.
No se me acuerda más. ¡Qué seso de fundadora! Pues yo le digo que me parecía estaba con harto seso cuando dije esto. Doña Guiomar y yo andábamos juntas en este tiempo. Dele mis encomiendas.