Consejo Ampliado

 

El Consejo Ampliado está formado por las hermanas del Equipo de Gobierno Provincial y las Coordinadoras de las Comunidades. Se reúne cuatro veces por año. Las reuniones son un espacio de comunicación, oración, reflexión y discernimiento sobre la vida de la provincia.

 

REUNIÓN DE JULIO 2010 EN BUENOS AIRES

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Cada hermana compartió lo más significtivo de la vivencia de su comunidad, y acercó una vela y el nombre de su comunidad. Quedó representada la vida de la provincia en torno a la Palabra.

 

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Hermana Ángeles

Hermanas Araceli, Aurora y Ángeles

 

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Hermanas Beatriz y Miriam

Hermanas Patricia y Ángeles

 

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Hermanas Patricia y Laura

Hermanas Rosa y Alejandrina

 

 

 

REUNIÓN DE ABRIL 2010 EN MONTEVIDEO

 

El Consejo Ampliado se reunió en la Residencia San José de Montevideo los días 16 y 17 de abril. Participaron la Coordinadora Provincial y las coordinadoras todas las comunidades, excepto dos comunidades de Bolivia: Hermanas Ángeles Muñiz, Laura Cheloni, Araceli Falcón, Inés Barroso, Luiza Tessari, Lourdes Seijas, Olga Fernández, Valeria Devoto, Rosario Ríos, Patricia Orellana, Patricia López, Ana Quiñones, Chus Marchena.

Los objetivos fueron

•  Implicarnos en la Planificación 2010 y en la reflexión sobre la reorganización

•  Compartir la experiencia y acuerdos de la reunión del Cono Sur en Paraguay

•  Fortalecer nuestra vivencia de fe, fraternidad y comunión

•  Compartir noticias de familia

 

La experiencia de fraternidad y la alegría por el encuentro nos acompañaron a lo largo de toda la reunión.

 

Dos momentos de lectura orante contribuyeron a situar la reflexión en un clima de hondura y apertura al Espíritu:

Lectura orante del Evangelio: "Nacer de nuevo"

Lectura orante de Teresa: "Caminar por el valle de la humildad"

 

 

 

•  LECTURA ORANTE 1: “NACER DE NUEVO” Archivo Word

 

•  1. Compartir nuestra experiencia

En reunión de Coordinadoras se elaboró la siguiente “visión” para el 2.017:

 

Sintiéndonos parte del Pueblo de Dios en América, la Compañía de Santa Teresa de Jesús en el año 2017, organizada en dos zonas, como comunidad de discípulas, en misión compartida, con un compromiso claro y explícito por los empobrecidos/as y excluidos/as, y desde una educación teresiana humanizadora-transformadora, colabora e incide para que el sueño de Dios de una vida más digna, más justa y más humana sea posible.”

 

Vamos a conversar sobre esto:

•  ¿En qué aspectos de esta visión reconoces que has dado pasos a nivel personal, es decir, has experimentado un cambio en tu vida?

•  ¿Y a nivel provincial?

•  Detenerse en un aspecto: ¿qué fue lo que produjo el cambio? ¿cómo se dio?

 

•  2. Acercarnos a la experiencia de Jesús

 

De José Antonio Pagola, Jesús, aproximación histórica

En el reino de Dios solo se puede entrar con un “corazón nuevo”, dis­puestos a obedecer a Dios desde lo más hondo. Lo decisivo es esta trans­formación radical. Dios busca “reinar” en el centro más íntimo de las per­sonas, en ese núcleo interior donde se decide su manera de sentir, de pen­sar y de comportarse.

En la mentalidad semita, el “corazón” no es la sede del amor y la vida afectiva. Es más bien el nivel más profundo de la persona, la fuente de la percepción, el pensamiento, las emo­ciones y el comportamiento. En el corazón de la persona “se decide” su Vida entera. Jesús lo ve así: nunca nacerá un mundo más hu­mano si no cambia el corazón de las personas; en ninguna parte se cons­truirá la vida tal como Dios la quiere si las personas no cambian desde dentro. “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, de su mal corazón saca lo malo”. Jesús lo ilustra con imágenes cla­ras y penetrantes: “No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno... No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian racimos de uvas”.

Jesús quiere tocar el corazón de las perso­nas. El reino de Dios ha de cambiar a todos desde su raíz. En el pueblo Judío se recordaba una promesa de Dios que el profeta Ezequiel había pronunciado entre los desterrados de Babilonia, poco después de la destrucción de Jerusalén (586 a C.) “Yo les daré un corazón nuevo e infundiré en ustedes un espíritu nuevo, les arran­caré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” (Ezequiel 36,26). Solo hombres y mujeres de corazón nuevo harán un mundo nuevo.

Es característico de Jesús invitar a una vida ra­dicalmente nueva en el “reino de Dios: “Yo les aseguro: el que no re­ciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. (Marcos 10,15). El camino para entrar en el reino de Dios es hacerse como los niños. Dejarse abrazar por Dios como aquellos niños que se dejan abrazar por él con alegría. Ante Dios hay que ser de una manera diferente a como son de ordinario los adultos, que casi siempre andan buscando poder, grandeza, honor o ri­quezas. Este lenguaje de Jesús pidiendo a los adultos “hacerse como ni­ños” está sugiriendo algo más que un cambio de conducta. Jesús está como pidiendo un nuevo comienzo, el inicio de una personalidad nueva. En el evangelio de Juan se habla ya explícitamente de un “nuevo nacimiento”: “Yo te aseguro que el que no nazca de nuevo, no puede experimentar el reino de Dios” (Juan 3,3)

(Depués de la lectura en grupo, un momento prolongado de oración personal)

•  ¿Qué es lo que más nos llama más la atención del texto?

•  ¿Qué luz nos da para conocer mejor la propuesta de Jesús?

 

• 3. Seguir caminando en fidelidad al espíritu de Jesús

•  ¿Qué luz nos aporta a lo que hablamos al principio?

•  ¿Qué pista nos da para seguir ahondando en la fidelidad al Espíritu de Jesús

 

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•  LECTURA ORANTE 2: “Caminar por el valle de la humildad” Archivo Word Archivo Imagen

 

•  1. Compartir nuestra experiencia

¿Qué sentimos ante la propuesta de la reorganización? ¿Qué tememos, que nos ilusiona, qué nos preocupa?

 

•  2. Acercarnos a la experiencia de Teresa (Vida 35, 5-14)

Le hacemos a cada párrafo estas preguntas: ¿Qué siente Teresa? ¿Qué teme, que la ilusiona, qué le preocupa? ¿Cómo la mueve el Espíritu de Jesús?

 

Me determiné a vivir de “por amor de Dios”

En este tiempo fue el Señor servido viniese a su casa el santo fray Pedro de Alcántara, y como el que era bien amador de la pobreza, y tantos años la había tenido, sabía bien la riqueza que en ella estaba y así me ayudó mucho y mandó que en ninguna manera dejase de llevarlo muy adelante. Ya con este parecer y favor, como quien mejor le podía dar - por tenerlo sabido por larga experiencia -, yo determiné no andar buscando otros.

Estando un día encomendándolo mucho a Dios, me dijo el Señor que en ninguna manera dejase de hacer el monasterio pobre, que ésta era la voluntad de su Padre y suya, que Él me ayudaría.

También cambió el Señor el corazón del religioso dominico de quien he dicho me escribió no lo hiciese sin renta. Ya yo estaba muy contenta con haber entendido esto y tener tales pareceres; no me parecía sino que poseía toda la riqueza del mundo en cuanto me determiné a vivir de “por amor de Dios”.

Alabé a Dios no hallarme allá en la elección de priora

En este tiempo, mi provincial me levantó el mandamiento y obediencia que me había puesto para estar allí, y dejó en mi voluntad que si me quisiese ir, que pudiese, y si estar, también, por cierto tiempo. Y en ese tiempo había de haber elección en mi monasterio, y me avisaron que muchas querían darme aquel cuidado de prelada, que para mí sólo pensarlo era tan gran tormento, que a cualquier martirio me determinaba a pasar por Dios con facilidad; a éste, de ninguna manera me podía persuadir. Porque, además del trabajo grande por ser muchas y otras causas de que yo nunca fui amiga, ni de ningún oficio - antes siempre los había rehusado – me parecía gran peligro para la conciencia; y así alabé a Dios de no hallarme allá. Escribí a mis amigas para que no me diesen voto.

Me dijo el Señor que no dejase de ir

Estando muy contenta de no hallarme en aquel ruido, me dijo el Señor que de ninguna manera deje de ir, que pues deseo cruz, que buena se me apareja, que no la deseche, que vaya con ánimo, que Él me ayudará y que me fuese enseguida. Yo me fatigué mucho y no hacía sino llorar, porque pensé que era la cruz ser prelada, y - como digo - no podía persuadirme a que estaba bien a mi alma de ninguna manera, ni yo hallaba términos para ello. Lo conté a mi confesor. Me mandó que enseguida procurase ir, que estaba claro era más perfección y que - porque hacía gran calor - que bastaba hallarme allá a la elección, y que me quedase unos días, para que no me hiciese mal el camino. Mas el Señor, que tenía ordenado otra cosa, se hubo de hacer; porque era tan grande el desasosiego que traía en mí y el no poder tener oración y parecerme faltaba de lo que el Señor me había mandado, y que como estaba allí a mi placer y con regalo no quería irme a ofrecer al trabajo; que todo era palabras con Dios; que por qué pudiendo estar adonde era más perfección había de dejarlo; que si me muriese, muriese. Y con esto un apretamiento de alma, un quitarme el Señor todo el gusto en la oración; en fin, yo estaba tal, que ya me era tormento tan grande que supliqué a aquella señora tuviese por bien dejarme venir, porque ya mi confesor - como me vio así - me dijo que me fuese, que también le movía Dios como a mí.

Contenta de contentar a Dios

Ya yo no tenía pena de venirme, porque entendiendo yo era más perfección una cosa y servicio de Dios, con el contento que me da contentarle, pasé la pena de dejar a aquella señora que tanto la veía sentir, y a otras personas a quien debía mucho, en especial a mi confesor - que era de la Compañía de Jesús - y me hallaba muy bien con él. Mas mientras más veía que perdía de consuelo por el Señor, más contento me daba perderle. No podía entender cómo era esto, porque veía claro estos dos contrarios: holgarme, consolarme y alegrarme de lo que me pesaba en el alma; porque yo estaba consolada y sosegada, y tenía lugar para tener muchas horas de oración. Veía que venía a meterme en un fuego, que ya el Señor me lo había dicho: que venía a pasar gran cruz, aunque nunca yo pensé lo fuera tanto como después vi; y con todo, venía ya alegre, y estaba deshecha de que no me ponía enseguida en la batalla, pues el Señor quería la tuviese; y así enviaba Su Majestad la fuerza y la ponía en mi flaqueza.

No podía - como digo - entender cómo podía ser esto. Pensé esta comparación: si poseyendo yo una joya o cosa que me da gran contento, llego a saber que la quiere una persona que yo quiero más que a mí, y deseo más contentarla que mi mismo descanso, me da gran contento quedarme sin el que me daba lo que poseía, por contentar a aquella persona. Y como este contento de contentarla excede a mi mismo contento, se quita la pena de la falta que me hace la joya o lo que amo, y de perder el contento que daba; de manera que, aunque quería tener pena de ver que dejaba personas que tanto sentían apartarse de mí, con ser yo de mi condición tan agradecida, que bastara en otro tiempo a fatigarme mucho, no podía.

 

I mportó tanto el no tardarme

Partida ya de aquella ciudad, venía muy contenta por el camino, determinándome a pasar todo lo que el Señor fuese servido muy con toda voluntad. Importó tanto el no tardarme un día más para lo que tocaba al negocio de esta bendita casa, que yo no sé cómo pudiera concluirse si entonces me detuviera. La noche misma que llegué a esta tierra, llega nuestro despacho para el monasterio y Breve de Roma, que yo me espanté y se espantaron los que sabían la prisa que me había dado el Señor a la venida, cuando supieron la gran necesidad que había de ello y a la coyuntura que el Señor me traía; porque hallé aquí al obispo y al santo fray Pedro de Alcántara y a otro caballero muy siervo de Dios, en cuya casa este santo hombre posaba, que era persona adonde los siervos de Dios hallaban espaldas y cabida. Entre los dos consiguieron que el obispo admitiese el monasterio, que no fue poco por ser pobre, sino que era tan amigo de personas que veía así determinadas a servir al Señor, que luego se aficionó a favorecerle; y el aprobarlo este santo viejo y poner mucho con unos y con otros en que nos ayudasen, fue el que lo hizo todo. Si no viniera a esta coyuntura - como ya he dicho - no puedo entender cómo pudiera hacerse.

 

Lo único necesario

¡Oh, Señor mío, cómo se os nota que sois poderoso! No hace falta buscar razones para lo que Vos queréis, porque - sobre toda razón natural - hacéis las cosas tan posibles, que dais a entender bien que no es necesario más que amaros de veras y dejarlo de veras todo por Vos, para que Vos, Señor mío, lo hagáis todo fácil. Bien viene aquí decir que "fingís trabajo en vuestra ley"; porque yo no le veo, Señor, ni sé cómo "es estrecho el camino que lleva a Vos". Camino real veo que es, que no senda; camino que quien de verdad se pone en él va más seguro. Muy lejos están los puertos y rocas para caer, porque lo están de las ocasiones. El que os ama de verdad, Bien mío, seguro va por ancho camino y real; lejos está el despeñadero; no ha tropezado tantico, cuando le dais Vos, Señor, la mano. No basta una caída ni muchas para perderse, si os tiene amor, y no a las cosas del mundo; va por el valle de la humildad.

No puedo entender qué es lo que temen de ponerse en el camino de la perfección. El Señor, por quien es, nos dé a entender cuán mala es la seguridad en tan manifiestos peligros como hay en andar con el hilo de la gente, y cómo está la verdadera seguridad en procurar ir muy adelante en el camino de Dios. Los ojos en Él y no hayan miedo se ponga este Sol de Justicia ni nos deje caminar de noche para que nos perdamos, si primero no le dejamos

 

•3.  Seguir caminando en fidelidad al Espíritu de Jesús

•  ¿Qué luz nos aporta la experiencia de Teresa a lo que hablamos al principio?

•  ¿Qué pista nos da para seguir ahondando en la fidelidad al Espíritu de Jesús

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